Voy a ser honesto: antes odiaba el café.

Recuerdo ver a mi papá y a mi abuelo tomándose su café en la mañana como si fuera lo mejor del mundo.

Lo tomaban despacio, con calma, como si estuvieran justo donde tenían que estar.

Yo siempre sentía curiosidad.

“¿Qué tiene de tan bueno eso?”

Un día lo probé. Café negro, puro.

Y fue… asqueroso jajaja.

Amargo, maluco, nada de lo que imaginaba.

Pensé: “¿Cómo puede alguien disfrutar esta cosa?”

📍La foto es reciente en Cartagena, pero es en el mismo lugar y con la misma taza donde probé el café (tinto) que me cambió todo.

📍La foto es reciente en Cartagena, pero es en el mismo lugar y con la misma taza donde probé el café (tinto) que me cambió todo.

Pasaron los años, y siendo un colombiano orgulloso, llegó un punto en el que dijé:

“¿Yo qué estoy haciendo? Soy colombiano. Me tiene que gustar el café obligado. Todo el mundo lo toma, es un estilo de vida acá.”

Así que le di otra oportunidad.

Me serví un tintico, como le decimos en Colombia al café negro simple, hecho en casa.

Al principio, no me encantó el sabor.

Pero ese día algo cambió, empecé a apreciar otra cosa: los momentos que creaba.

Gente sentada, tomando café, riendo, hablando de la vida... sin afán.

Solo parchando (como decimos en Medellin a pasar un rato agradable con personas) y presentes.


☕️ El café en la cultura colombiana 🇨🇴

Ahí entendí algo:

en Colombia, el café no es solo una bebida.

Es el ADN de nuestra cultura, de nuestras rutinas, de cómo nos conectamos.

No tomamos café solo para despertarnos.

Lo tomamos para bajarle al ritmo también.

Para compartir, para conversar, para estar.

Pedir un café no es solo una transacción, es una invitación que significa:

“Bienvenido”

“Sentémonos”

“Conversemos” - “Parchemonos!”

IMG_4263.jpg

Por eso aquí sí nos importa el café. No solo el efecto que da la cafeína.

Nos fijamos en el sabor, en el balance, en cómo se prepara, porque un buen café te ancla al momento.

Te ayuda a conectar: con la taza, con la persona al frente, y a muchas veces, contigo mismo también.


Hoy el café es parte clave de mi vida.

Con el tiempo empecé a tomarlo más.

No porque el sabor me encantara desde el principio, sino por la sensación que me daba.